Retos Literarios

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EL LADRÓN DE RECUERDOS

 

La voz que anunció nuestra visita no la inmutó. Por su aspecto, parecía estar perdida en un camino sin signos de referencia para orientarse.

Años atrás, la conocí en la plaza, lugar en el que los ancianos descansan mientras comparten vivencias y alguna pequeña esperanza.

Roser no era todavía una anciana, aunque, si estiraba bien los brazos, las yemas de sus dedos casi rozaban esa edad en la que, pese a tener la visión más reducida, se ven las cosas más claras.

Primero llegaba apoyada en sus muletas y, más tarde, en un andador con asiento incorporado. Carecía de familia, pero disfrutaba del amor incondicional de su perrita Heura.

Me sorprendió su forma de hablar. Parecía rebuscar con ansia fragmentos de su vida pasada. Más tarde lo comprendí.

Una mañana me preguntó:

¿Sabes silbar?

Un poquito —respondí, sorprendida.

Yo silbaba muy bien. Mi tío me enseñó. Era un fenómeno. En el pueblo, los niños armábamos una algarabía cuando accedía a deleitarnos con los sonidos que salían de sus labios.

Un silencio nos envolvió. Pero hasta los silencios tienen fin y no tardó en decir:

El próximo mes ingresaré en la residencia. Los recuerdos cada vez se alejan más. Pronto no recordaré ni el nombre de mi querida mascota.

Nada pude decir, salvo ofrecerle el contacto de mi mano.

¿Qué harás con Heura? —acera decir.

Se la queda Katia, la voluntaria que me visita desde hace años. Tiene un gran corazón y sé que cumplirá el pacto. He fijado mis voluntades anticipadas en un documento otorgado ante notario para cuando llegue el momento de tomar decisiones.

De esta conversación hace ya un tiempo. Ahora Roser vive sumida en un mundo irreal.

Una vez al mes intento que mi visita coincidida con la de Katia y Heura. He de decir que en los encuentros se producen escenas de extrema ternura cuando la perrita salta sobre el regazo de nuestra amiga y sus gestos nos hacen pensar que, aunque hayan sido robados sus recuerdos, todavía conecta con alguna emoción.

(Palabras: 337)

 

 

Qué ladrón más despiadado... Sin embargo, no puede robar lo que intentas transmitir en tu relato: el cariño. Me ha resultado muy emotiva y cotidiana la escena, diálogo incluído.

Si acaso revisaría algunas comas, pues sobra la de la frase: "Años atrás, la conocí en la plaza" y la anterior a "aunque" en la frase:  "no era todavía una anciana, aunque, si estiraba bien los brazos,...". 

Mucha suerte, Sophierasil

 

Tierno y emotivo. Mucha suerte, Sophierasil.

 

MUY EMOTIVO, SI, UNA ETAPA QUE NOS AGUARDA A LA MAYORÍA, ASÍ ES LA VIDA.

Hola Sophierasil

Me gusta la ternura que utilizas para tú texto, pero creo que hay pequeños problemas de narración que se pueden mejorar. Por ejemplo:

La voz que anunció nuestra visita no la inmutóPor su aspecto, parecíaestar perdida en un camino sin signos de referencia para orientarse. 

"Por su aspecto diría que estaba pérdida en un camino sin signos de referencia para orientarse. Tanto era así que la voz que anunció nuestra visita ni la inmutó"

¿Que te parece?  Es una sugerencia y conectas las dos frases.

Mi apreciación es que la palabras obligadas están muy juntas, pero eso es algo personal.

Un abrazo

Me gustó. Un destino del que nadie puede escapar: la vejez. Concuerdo con los comentarios de mejorar la forma para que no sea tan "cansado" de leer. Que sea más simple y entendible.

El que a hierro mata, a hierro muere.