Retos Literarios

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Canon de belleza

En una noche en la cual estoy solo y en una noche en la cual escribo, recuerdo desde el sur a una mujer. Recuerdo desde el sur a una mujer bonita que era ya bonita antes de que yo escribiera sobre ella y que será bonita aún cuando yo cese de escribir, completamente cese de escribir no ya de ella, sino de nada más.

Esta mujer que rememoro y sobre la que escribo, tenía esas bellezas espumosas, casi descontroladas, como son la de la leche cuando hierve o la de la cerveza, cuando no respeta los límites del vaso y mana a su capricho.

Era una mujer como podría ser un arrebato, un trueno a la deriva dentro de una tormenta que no han registrado los satélites o un torrente de los primeros de la primavera, cuando el sol vuelve agua al hielo tímido para que al madurar, se haga feroz.

Era una mujer incipiente. Quería ser una mujer y era mujer, pero no lo sabía y entonces buscaba ser mujer, extralimitando sus vientos solares para, después, transformarse en la cara oculta de la luna y desaparecer en el cósmico espacio del silencio.

Yo siempre fui de tierra porque estoy destinado a no ser otra cosa. No pretendo ninguna astralidad ni lejanas y dulces sabidurías regidas por larguísimos ciclos planetarios.

Yo siempre fui de tierra, como un metal o como una madera, todo raíz anclada en lo profundo de la fertilidad y oyendo a los acuíferos ocultos y a todos los temblores de la locura.

A veces, ella llegaba a mí como un gran mar hecho de olas que acuñaban gaviotas y dragones y cuando golpeaba contra mis viejas escolleras terrestres, mutaba ese gran mar en caracola que lo absorbía entero y lo guardaba como un único mundo de rumor.

Era como una caja de guardar. Esa mujer era como una caja de guardar. Era bonita, repujada, mística, lo mismo que una caja de guardar en la que nadie nunca guardó nada que valiera la pena considerar eterno.

Como mi único bien es la palabra, un día le ofrecí mis palabras terrestres, sabedoras de acuíferos secretos y de seísmos hechos de asesinos y brújulas que nadie ha reclamado una vez extraviadas.

Ella guardó retazos de mi mundo. Los guardó sin decirlo y fuimos un camino que se aleja hacia puntos contrarios, suavemente, siguiendo cada uno su propio cardinal.

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Envolvente como una ola o el interior de una caracola.

Un saludo

Hola, Gabriel.  Un relato melancólico y dolorido. Me ha gustado mucho el tono y me parecen muy efectivas las repeticiones que utilizas para crear ese ambiente  intemporal, casi de leyenda que recrea el narrador en su recuerdo. Un texto con algo muy especial. Felicidades.

Hola Gabriel:

@gabrielah

Tu relato es como una poesía.

Las primeras frases me sorprendieron por las reiteraciones, hasta que entré por completo para descubrir que no era así, sino un hábil refuerzo de la idea.

Te confieso que no soy muy amante de expresiones como esta: "...en la cual estoy solo y en una noche en la cual escribo...".  "La cual", —debe ser cosa mía— me suena poco literario, tal vez por ser un recurso muy utilizado en textos oficiales, que suelen ser narraciones repetitivas.

En cualquier caso, un relato muy poético, que define a la perfección ese canon de belleza.

Saludos y suerte.

Mirna, Marta, José Luis, les agradezco la lectura y las palabras que me dejan.

José Luis, las palabras son las herramientas del escritor, todas ellas son las herramientas del escritor y está en nosotros no encasillarlas en tal o cuál texto o tipo de escritura.

Las palabras son nuestra propia fuerza y no hay palabras más o menos literarias que otras, porque todas, absolutamente todas ellas, tienen un fin dentro de un contexto y no se les puede atribuir un espacio determinado. No existen ni las buenas ni las malas ni las literarias ni las no literarias. Todas son palabras. Todas son herramientas. Todas tienen algo para decir y en este caso, el cual es más fluyente por su propia liquidez, que un "que", rígido y constreñido, cuadrado. Cual, por la suavidad de la u y la fluencia de la l, hace justamente ese efecto sonoro de cadencia, que un que, impediría. Porque la prosa también tiene su música y en esa sensación se basa este trabajo, como otro, quizás, tiene otras elecciones y en vez de una flauta, se me da por un tambor.

Otra vez, gracias a los tres.

Es un texto ciertamente pretencioso. Las reiteraciones del primer párrafo son absolutamente ajenas a mi criterio estético. Respecto a ; tenía esas bellezas espumosas, casi descontroladas, te diré que rebosa de innecesarios plurales. También he notado mis palabras terrestres, sabedoras de acuíferos secretos y de seísmos hechos de asesinos y brújulas . Se nota que te gustan los plurales.  Aparte me parece deplorable la comparación , respecto de una mujer, de la cerveza y la leche. Pero bueno, a ti te puede parecer adecuada, por algo la has escrito. Son criterios estéticos de cada escritor. Así funcionan las cosas.

Si Néstor. No somos todos iguales y es evidente que nuestros criterios estéticos parecen acontecer en las antípodas.

A mí no me enojan ni me molestan las críticas. Creo que son necesarias para conocer el impacto que un texto produce en una amplia gama de lectores, ya que no existe uniformidad en el acto de lectura y un autor no puede estar golpeando la puerta de todo el que le compra un libro para saber cuál es su conclusión después de leerlo.

No es que me gusten los plurales. Creo que es de tu parte una aseveración riesgosa, ya que es el primero y único de mis textos al que accediste, así que debo aclarar que uso plurales en este texto porque así lo concibo y es como mejor encuentro reflejada (en la abundancia que el plural representa, no en la abundancia de plurales) la expresividad que requiere lo que intento decir. Lo que te parezca deplorable de las comparaciones tampoco es un problema que me aporte algo, porque en realidad hablo de las espumas cuando rebalsan y no estoy faltándole el respeto a la mujer de la que hablo, primero, porque no acostumbro a ser irrespetuoso con las mujeres y además, porque todo el texto exalta a la mujer de la que hablo incluso en esa comparación que bien entendida y sin buscarle el pelo al huevo, tiene mucho de realidad por la fuerza que posee esa espuma y como se construye su desborde. No es "una comparación", es un metáfora de fuerza visual.

Me gustan los riesgos semánticos y huyo los tópicos. Detesto los topicismos porque no permiten liberar al texto de la medianía y por eso, siempre intento explorar horizontes diferentes, así que no le temo a las reiteraciones ni a los plurales ni te diría que le temo a algo, cuando de escribir se trata. Soy de los que usa todo el registro del español y elijo palabra por palabra, porque, como decía Juan Gelman, el trabajo en prosa también es un trabajo de orfebrería sonora además de un engarce semánticamente creativo.

Lo mío, va más allá de ser meramente un criterio estético. Es un criterio autoral. Tengo variadísimos registros que te podrían llegar a sorprender por lo múltiples, pero en todos, te aseguro, no busco quedarme en el molde. Busco la exploración, la meta más allá de la meta, hasta dónde se puede llevar la fuerza creativa. A veces tengo más suerte textual, a veces tengo menos suerte, pero todo me sirve, todo me aporta, todo me invita a desafiarme cada día un poco más para escribir cada vez mejor si es que eso se consigue alguna vez y no se da uno por asumido de que hasta acá llegó, cosa que es la tumba del escritor.

Yo siempre soy "pretencioso" en mis textos, por esto que te explico ut supra. Aun en los más simples, pretendo la diferencia y por eso encaro la búsqueda. Me alegra que lo hayas notado.

Sí, me hubiera interesado una fundamentación detallada de las negatividades que le ves a las construcciones, más allá de tu gusto personal. O sea, que fundamentaras por qué te parece que empleo mal los plurales; por qué te parece "deplorable" la comparación con la espumas vigorosas y esas cosas. Fundamentos de por qué se dice lo que se dice, para que en este caso yo, pueda entender errores estructurales, por fuera del ámbito del gusto personal de cada uno, porque si se trata de aportarle algo al compañero, también hay qué explicar la cuestión, ya que "no me gusta porque no está dentro de mi criterio estético", habla de un comentario que tiende a resumir todo al universo personal del que lo hace y no crea un diálogo. Eso es un comentario egocentrista que se limita a expresar lo personal sin que el otro tenga posibilidad de intervenir. Es algo como cuando nuestro mayores decían, para hacernos callar: Porque yo lo digo.

Te saludo. Que tengas buena noche.

 

¡Hola, Gabriel! En primer lugar, bienvenido a la Comunidad. He leído todos tus profundos comentarios a los compañeros y ahora me tocaba tu relato.

Te diré lo que sentí: para empezar el título me atrapó por lo amplio del mismo y por la intriga acerca de qué podía encontrarme: una bella historia de dos personas que al final siguen caminos separados aún sintiendo más que devoción él por ella.

En "será bonita aún cuando yo cese de escribir, completamente cese de escribir no ya de ella..." me chirría un poco el adverbio "completamente", así como que en 5 líneas emplees 5 veces el verbo "escribir", pero según he leído en tus respuestas a los comentarios de los compañeros, entiendo que pretendes enfatizar la idea de que todo es poco y queda pequeño a la hora de hablar de esa mujer.

En "sabedoras de acuíferos secretos y de ssmos hechos de asesinos",  apunto que no sé bien, la verdad, si se consideraría cacofonía o es pretendida la sonoridad con la "s". A mí no me disgusta el efecto.

¡Que tengas suerte en tu debut!

 

Buenos días, Gabriel y bienvenido a este rincón que deseo que lo hagas tuyo.

Es evidente que sabes lo que haces y que dispones de herramientas a las que, al menos de momento, yo no alcanzo.

Tu relato es una caricia para los oídos pareciendo que esté escrito para ser recitado. Alabo lo poético de las metáforas que empleas así como las repeticiones que dan énfasis y cadencia a lo que evocan.

Debo decir que, en mi primera lectura del primer párrafo, me pareció haber entrado en bucle, pero al seguir leyendo entendí que me hallaba ante un texto poético llegando a cautivarme lo que antes me había perturbado.

Te indico lo que no me ha gustado, desde mi punto de vista como lectora que desconoce si hay una explicación de valor literario en ello o si es simple ignorancia. Es decir, en esta ocasión me baso en las sensaciones.

  • "En una noche en la cual estoy solo y en una noche en la cual escribo, recuerdo desde el sur a una mujer. Recuerdo desde el sur a una mujer bonita que era ya bonita antes de que yo escribiera sobre ella y que será bonita aún cuando yo cese de escribir, completamente cese de escribir no ya de ella, sino de nada más."

Aquí suprimiría un par de repeticiones que creo que entorpecen la musicalidad del texto.

En una noche en la cual estoy solo y en la cual escribo, recuerdo desde el sur a una mujer. Recuerdo desde el sur a una mujer bonita que era ya bonita antes de que yo escribiera sobre ella y que será bonita aún cuando yo cese de escribir, completamente, no ya de ella, sino de nada más.

  • "Era una mujer incipiente. Quería ser una mujer y era mujer, pero no lo sabía y entonces buscaba ser mujer, extralimitando sus vientos solares para, después, transformarse en la cara oculta de la luna y desaparecer en el cósmico espacio del silencio."

La cuarta vez que dice mujer me parece estar leyendo un trabalenguas. Para mí quedaría mejor eliminándolo.

Era una mujer incipiente. Quería ser una mujer y era mujer, pero no lo sabía y entonces buscaba serlo extralimitando sus vientos solares para, después, transformarse en la cara oculta de la luna y desaparecer en el cósmico espacio del silencio.

  • "Como mi único bien es la palabra, un día le ofrecí mis palabras terrestres"

Seguro que esa repetición está a tu gusto. Yo, de nuevo guiada por la musicalidad, le daría una vuelta, algo así "Un día le ofrecí mis palabras terrestres como mi único bien" o "Siendo mi único bien, un día le ofrecí mis palabras terrestres". Pero seguro que en caso de querer cambiarlo encontrarás mejores maneras que las mías.

  • "...seísmos hechos de asesinos y brújulas que nadie ha reclamado una vez extraviadas".

Me encanta esta frase, pero me gustaría entender la metáfora tal y como la concibe el autor.

Ya nos cuentas.

Un saludo y feliz martes.

¡Bienvenido, @gabrielah!

Pues parece que somos unos cuantos los que nos hemos atascados en el primer párrafo. Pero una vez comprendido me ha gustado mucho. Te diré que no soy amiga de los textos tan llenos de adjetivos, pero me ha cautivado el tono con el que está escrito y cuantas más veces lo he leído más bello me ha parecido.

Ahora, coincido con @joseluischaparro en la utilización del relativo cual. A mí tampoco me gusta, me hace efecto de texto recargado aunque esté bien colocado ya que le antecede una preposición, por lo tanto aquí me refiero a un gusto estético.

Y ahora me gustaría decir algo respecto a lo que dice @nestorr sobre el comparar a la mujer con la cerveza y la leche. Yo como mujer no me siento ofendida en lo más mínimo. Creo que un escritor puede y debe escribir sobre lo que quiera y como quiera (siempre que esté bien escrito, obvio). No hace mucho, alguien criticó en Facebook una obra ganadora de no sé qué certamen importante porque la autora empleaba frases como: me estoy meando y me voy a mojar las bragas, o algo así. Yo defendí eso y alguien me dijo que de todo teníamos que existir haciendo referencia que lo que yo leía me definía como persona (como si ese tipo me conociera de algo). Digamos que yo no he leído esa obra, ni he oído sobre ella, pero le respondí a esa persona que un autor debe poner en boca de su personaje lo que considera que es correcto para ese personaje. Además, el personaje en cuestión del que hablaban, decía esas cosas en su pensamiento. Si un personaje es vulgar y soez no puede emplear palabras finas y delicadas o viceversa, pero en su pensamiento entiendo yo que puede hacer lo que quiera. Eso no convierte al autor en soez ni maleducado.

Hace tiempo lancé un certamen en que una de las participantes propuso el toro de lidia como tema. Alguien se ofendió diciendo que no escribiría sobre eso ya que le horrorizaba ese tema y había que prohibirlo y tal ( aunque luego sí que escribió). Yo le contesté diciendo que yo era antitaurina, pero escribir sobre algo no te hace ser como el protagonista de lo que escribes. A mí me gusta matar a mis personajes, pero no soy una asesina. Leo mucha novela negra, pero no me define como asesina o psicópata.

El personaje de Gabriel piensa eso de su amante, no veo que hay de deplorable en ello. No hay que tenerle miedo a las palabras.

Siento el tocho.

Besotes.