Retos Literarios

Tienes que acceder para crear publicaciones y debates.

COMPULSIVO ONCE

¡ARRIBA EL TELÓN!

Mi historia comenzó en una fría noche de enero con el azaroso movimiento de dos intrépidos gametos que, ávidos de experiencias, iniciaron un juego amoroso, se fundieron y, generosamente, me ofrecieron el protagonismo.

Permanecí nueve meses entre bastidores, donde mi primer papel fue el de un humilde cigoto, luego me  transformé en un embrión y más tarde en un feto. Superada con éxito la prueba fui invitada a  continuar interpretando la evolución del personaje a plena luz.

Ilusionada por la oportunidad, abandoné las bambalinas y emergí algo confusa en el escenario, donde comprobé sorprendida que me estaban esperando. Todo iba bien hasta que, sin tiempo para adaptarme al cambio, me cogieron y empezaron a azotar mis nalgas.

Nada pude decir, salvo llorar. No consideraba justo tratarme así tras el esfuerzo realizado.

Todo cambió cuando escucharon mi llanto. ¡Quizás les impresioné!

Me asearon un poco, cubrieron mi desnudez y me dejaron descansar. Uf!, por fin algo de calma.

Para interpretar el personaje que me fue asignado en el reparto he tenido que cambiar y redecorar varias veces el escenario y, como  cualquier actor, representar escenas de amor y de esperanza, pero también otras de desamor, de llanto y de soledad.

En la incertidumbre de un momento de oscuridad, plagado de silencios y soliloquios, tuve dificultad para encontrar el decorado que la escena requería, pero, tras vagar errante por caminos desconocidos con la libertad como única compañera, aprendí a orientarme en las tinieblas, descubrí mi propia luz y me convertí en coguionista de la historia que debía interpretar.

Cambiar sola de escenario no fue un trabajo fácil, sino un largo trecho de esfuerzos y tropezones, de superación de obstáculos y de endulzar sinsabores, pero el esfuerzo mereció la pena y se refleja en   el resultado: el personaje adquirió la humildad de las flores silvestres, pero también su osadía y hoy es capaz de aventurarse a compartir espacio, a veces compulsivamente, con otras plantas más bellas y perfumadas.

Y cuando la representación llegue a su fin, antes de dejar el escenario, intentaré culminar mi trabajo interpretando mi último acto con una sonrisa en los labios y agradecimiento en el corazón.

(360 palabras)

  • Ingenioso y muy original. Mucha suerte Once.

Me gustó la autobiografía del embrión. Ojala todos lo consideraran un ser vivo y completo.

El que a hierro mata, a hierro muere.