Retos Literarios

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COMPULSIVO DOS

ANDANDO BAJO LA LLUVIA

-«Niña, tráeme los zapatos. ¿Ves esos carruajes con caballos? Vienen a recogerme». 
-«Voy, abuelo», dice la joven que hace como que los busca en el armario de aquella aséptica habitación de hospital. 

Mientras, afuera, un facultativo le cuenta a su madre que intervenir a una persona muy mayor es algo parecido a reparar una tubería vieja: por alguna parte acaba habiendo una fuga. En su caso son alucinaciones.

¡Qué osadía la de ese médico comparar a ese hombre, todo un Einstein del siglo XXI, con una tubería! Claro está que no tiene ni idea de cuánto sabe ese enfermo sobre electricidad, química, física, artilugios... Ignora que en la buhardilla de su humilde vivienda posee toda suerte de herramientas para reparar cualquier cosa averiada, así como un cuadernillo de hojas amarillentas donde toma ininteligibles notas que bien pudieran parecer coordenadas u otro tipo de señales de un capitán de barco en alta mar, de la misma forma que sucede en las películas.
Obviamente desconoce que se ganó a pulso el cargo de jefe en una fábrica donde ganaba un jornal con el que sacar adelante a tres hijas y una esposa a la que trató siempre como una reina y la que jamás estuvo enferma en su, aún a día de hoy, longeva vida. 
Tampoco sabe que, aunque allí lleve una bata al igual que todos los demás pacientes, es un señor pulcro que acostumbra vestir traje y corbata, llevar un bigote perfectamente arreglado y una raya bien trazada en un escaso cabello blanco, y que tiene desde hace años el hábito de dar diariamente una vuelta por el pueblo, parando en la plaza para charlar con los paisanos, con una mano en el bolsillo y con la otra aguantando la pipa en la que fuma tabaco negro. Y que cada vez que algún nieto le ve y se acerca a darle un beso, a él se le iluminan los ojos apartándose del grupo para decir: «Aquí estamos, a ver si juntos podemos arreglar el mundo».
Quizás sí recordará el doctor que hace un par de días llovió, pero no está al corriente de que los intentos de la mujer de aquel señor para doblegar su voluntad de dar el habitual paseo fueron infructuosos. Que tardó en regresar a casa un poco más por su precaución en no pisar ningún charco. Que cuando volvió, tras colgar la chaqueta y dirigirse al salón, la suela mojada de uno de los zapatos le jugó una mala pasada haciendo que resbalara en un pasillo con aroma a torta horneada. 
Lo que, sin duda, no creería es que la mayor de sus nietas, esa que ahora simula ver el carruaje con caballos y cumplir su orden, hoy fue al hospital porque presentía que algo no iba bien tras la operación de cadera.

-«¡Mamá, ven!», grita de repente la joven asomándose al pasillo, ese que ahora huele a desinfectante. Y es entonces cuando aquella persona empieza a expirar, encontrándose a su vera su anciana mujer. Las tres presencian los últimos segundos de vida de aquel excelente ser humano que hacía pocos minutos pedía el calzado traicionero que allí le dejó postrado.

Solo la muchacha tiene la entereza de buscar el documento de identidad para poder certificar su defunción. Está en su cartera, guardada en el cajón de la mesita. Su emoción se desborda al encontrar también una foto en blanco y negro de un apuesto señor con una mujer a la que una niña daba su manita. 
Es el abuelo, su madre y ella cuando era pequeña, la misma que muchos años después cuenta esta historia.

600 palabras

Sinceramente, esperaba más. Leí y leí esperando el conflicto, pero nunca llegó. No es que me alegre ver sufrimiento, sólo que cuando mencionaste lo del "viejito tipo Einstein" pensé que se venía la carrera contra el tiempo para conseguir ese algo antes de que muriera. Al final fue un recuerdo más. Un triste y bello momento.

El que a hierro mata, a hierro muere.

Ej. Real de unas vecinas.

Cuando la viejita enfermó y quedó hospitalizada, la hija y el hijo no salían de la casa de su madre. La dividieron y constantemente la acosaban para conseguir la valiosa firma. Al final, la señora cedió todo a los nietos. Que triste.

El que a hierro mata, a hierro muere.

Hola, Compulsivo Dos: me gustó tu historia. Buen manejo de las imágenes emocionales. La introducción abre un buen panorama. Excelente descripción del hombre y el contraste con su imagen de enfermo desahuciado. Posiblemente  vendría bien reordenar la escenas, para que el trágico resbalón sirva de giro final a la historia. Un abrazo.

Me ha gustado mucho. Es muy emotivo y parece como si fuera algo que está viviendo el autor.

No creo que tengas que poner comillas después de la raya del diálogo, al fin y al cabo no es un pensamiento del personaje.

Suerte, dos.

Muchas gracias por vuestros comentarios. Este reto me sirvió para hacer un pequeño homenaje a mi abuelo. Así era y así se fue.