Retos Literarios

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COMPULSIVO DOCE

 ¿ QUÉ SABRÁS TÚ?
¡Que sí,  mamá! Dame un respiro, por favor. ¿Por qué será que tengo la sensación de que nunca, haga lo que haga, te parecerá bien?— cerré aquella interrogante con un sonoro portazo.
En todos estos años — y eran unos cuantos— no recordaba ni un solo abrazo ni una palabra de apoyo, nada.  Siempre tan fría y distante.  Y aunque la evitaba siempre encontraba la manera de hacerme sentir una inútil. Aguantaba, y mucho, pero el vaso que había ido llenando con sus reproches estaba a punto de desbordar. Y lo hizo, aquella tarde no dejé nada en el tintero...
"¿Qué sabrás tú, mamá?. Siempre debes llevar la razón ¿verdad? Pues te equivocas hay tantas verdades como personas y percepciones.
Nunca te has parado a preguntarte por qué me he alejado de ti, es más fácil pensar que soy una egoísta ¿no? Pues ya va siendo hora de que te enteres que de pequeña me sentí abandonada. Te necesitaba, pero tú solo sabías pelear con papá y la abuela. No es que fuera una niña muy buena es que me ausentaba en mi mundo irreal para escapar de vosotros.
¿Dónde estuviste cuando de adolescente se metían conmigo por mi sobrepeso?  Mirabas hacia otro lado, madre. Claro que cuando acabé en el hospital por mi anorexia no tuviste más remedio que hacerte cargo.  Mientras todos los niños querían ser como sus padres yo deseaba ser la antítesis de ello. Por eso mi marido fue todo lo contrario a papá: no bebía, no fumaba, pero me equivoqué. Y lo hice porque no conocía el amor y no tenía con qué compararlo. Me equivoqué porque me educaste en la sumisión y naturalicé la violencia que había mamado desde pequeña. No te culpo por ello, no te preocupes. Seguí tu camino, anduve sobre tus pasos y conocí el maltrato de cerca. Me ahorraré los detalles, mamá, no quiero herirte. Pero yo no estaba dispuesta a acabar como tú y hui de mi casa una noche sin más maleta que un poco de ropa y mi hijo. Y allí estabas esperándome, no con los brazos abiertos, pero sí para recordarme que gracias a ti no dormiría en un puente. Muchas gracias, madre.
He llorado mucho. Lo sabes porque ahí estabas tú para recordarme lo mal que había hecho las cosas cuando yo lo que necesitaba era un abrazo. No voy a recordarte cómo me exigías dinero cuando no tenía ni para comer mi hijo.
¿Sabes?  He conocido el dolor muy de cerca.  Tanto que sentía que mudaba la piel y me quedaba en carne viva. Me alejé de todos porque no soportaba que nadie estuviera cerca ni me tocara. Y decidí transformar mi dolor en algo que mereciera la pena, así comencé a escribir, mamá. Hasta de eso te mofaste,  ¿lo recuerdas? Porque yo perfectamente.
Ni qué decir que no tuve tu apoyo en el proyecto de aquel libro en el que colaboraba con mis compañeros. No hizo falta, la gente se volcó en mí y me apoyó cuando tú volviste a mirar hacia otro lado.
Leíste mi libro y solo obtuve tú silencio y la enhorabuena por los compañeros tan buenos que tenía. Sí, madre, en algo estamos de acuerdo: son buenos escritores y mejores personas.
No te entiendo, madre. ¿Qué te he hecho?
Aunque no lo creas, te quiero. Quizás no sepa decirte cuánto porque a veces me ciega la ira. Y son en esos momentos en los que cojo mi pluma y escribo cartas,  como ésta, que nunca llegarán a ninguna parte, pero me permiten volver abrir la puerta y tener una palabra o gesto amable contigo.

Conmueve el desgarro y la sinceridad. Un relato doloroso y muy valiente. Besos Doce.

Un relato valiente. Duro.

Me ha gustado tanto que hasta el cambio de primera a tercera persona y vuelta a la primera no me he molestado demasiado.

Creo que estás usando un estilo indirecto en el relato, por lo tanto no hace falta que pongas las comillas en ¿qué sabrás tú, mamá? En todo caso no vuelves a ponerlas en ninguna otra ocasión de las que te diriges a la madre.

Un abrazo, doce.

Me gustó el relato. Dicen que uno, como hijo, no es quien para juzgar a los padres, pero... Ufff. Que difícil no hacerlo. Preguntenmelo a mi y mis hermanas, nuestro padre fue un alcohólico reformado. 30 años sin tomar alcohol. Por desgracia se trajo a casa la metodología de AA y la aplico con nosotros. Si alguien conoce esa metodologia, lo entenderá.

El que a hierro mata, a hierro muere.