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COMPULSIVO UNO

"El abuelo"

Sale el sol. La luz comienza a filtrarse por la ventana de mirillas. Se reparte en un haz de muchas hebras que tejen una manta sobre el doble acolchado que cubre al abuelo. La estufa está apagada, el gas brilla por su ausencia desde que no pudo pagar la última factura. Es que no alcanza para los remedios, la comida, el cable y un juguete para los nietos.

Esa mañana tenía muchas cosas para hacer. La luz le dio en los ojos y refregó su sueño antes de ponerse los anteojos. Veía un poco nublado, tenía que cambiar el aumento, pero el turno con el oculista era para dentro de tres meses. Además, con tanto especialista para visitar, no le alcanzaban los días.

Ya estaba harto de andar de médico en médico. Quería tener otra vida social. Quería ir a un club de jubilados y salir juntos a pasear en esos micros altos a los que se sube con un banquito y que causan tanta gracia porque siempre alguien tiene que empujar desde atrás para darle el envión. Pero los dolores en todos los huesos imaginables y desconocidos lo obligaban a pasar por el negocio del "Chino" para conseguir su aceite de cannabis que le costaba una pequeña fortuna.

-Deme un mes de alegría ─le decía al "Chino". Y el hombre le daba un frasquito con gotero para que maneje su dosis con cuidado.

Y uno de sus nietos lo cargaba cuando lo veía tomando ese remedio que en otras épocas hubiera sido causa de detención policial.

Se puso en pie y tomó el bastón. Lo usaba por precaución, para no caerse cuando andaba por la calle. Pero la realidad era que cada vez lo necesitaba más y ya lo tenía al lado de la cama, bien a mano. Dio un par de pasos y llegó hasta la pequeña mesa. Tomó los frascos de pastillas y sacó una de cada color. Las puso a todas en un vaso y luego lo llenó con jugo de naranja, el lujo que se daba para comenzar bien la mañana.

Ese día, después de visitar a la especialista en riñones, se quedaría a comer en la casa de su hija. Ella lo trataba como un bebé y eso le gustaba, a veces. Otras lo hacía sentir tan inútil, tan de sobra que se enojaba y la peleaba. Pero los enojos no le duraban mucho, se olvidaba constantemente y, para algunas cosas, era bueno el olvido. Así había olvidado que la vieja se había muerto años atrás, no lo había esperado. Él le decía que se iba a ir antes que ella, pero ella le ganó de mano como cuando jugaban a la escoba.

Su hija ya sabía lo que él quería, una muerte tranquila, antes de que se le compliquen mucho las cosas. Pero ella no lo entendía, le decía que iban a luchar hasta el último momento como si pelear con lo inevitable tuviera algún mérito. Era una mujer buena, pero demasiado apegada a su fe, y esa fe le haría las cosas más difíciles a él en el final.

Había pensado bien cómo le gustaría despedirse, con una fiesta de cumpleaños con todos sus nietos y una torta como la que hacía su mujer. Y luego una breve despedida y todos felices, con la promesa de volverse a encontrar en algún más allá.

Unos golpecitos en la puerta y su hija entró trayendo consigo un pleno de sol. Le preguntó por qué hacía tanto frío allí. Él, con un resto de dignidad, respondió que, con el frío, se conservaría joven.

599 palabras

Hola, Compulsivo Uno:

Reto cumplido: las tres palabras imprescindibles.  Un texto sencillo y bien documentado de las realidades contemporáneas que acompañan a la vejez. Me parece, más bien, un texto descriptivo de una situación, más que un relato.   Faltan, una "complicación "  y un "desenlace". Aunque hay pequeñas complicaciones, como el turno para el oftalmólogo, o la falta de gas, estas no suponen obstáculos que alteren la situación inicial y determinen el desenlace de la historia. Un saludo.

Ya estoy en activo. Como aún no conozco el mapa del territorio estaré un tiempo de ingognito. Iré leyendo a todos aunque no comente hasta que vea como funciona todo.

 

Un abrazo.

Un texto que nos lleva a las peripecias de una persona que enfrenta la vejez en nuestra sociedad actual. Describe situaciones cotidianas pero coincido en que carece de un "nudo" o un "nucleo" que lo estrucuren de manera literaria. De cualquier modo debo felicitarte por la valentía de envíar el primer texto. Espero que pronto se publiquen más.

Buen relato. Concuerdo con los compañeros. Tiene más pinta de anécdota que de relato. Es triste el final del viejito, porque es más común de lo que parece.

El que a hierro mata, a hierro muere.

Hola Compulsivo uno. Suenan tan reales esos episodios de las pastillas, de los hijos preocupándose por sus padres, de ver cerca el final de sus días... Lo has narrado de manera sencilla y amable.

En cuanto a la forma, he observado la reiteración del verbo "olvidar" en la siguiente frase: "se olvidaba constantemente y, para algunas cosas, era bueno el olvido. Así había olvidado".

No me resulta extraño pues a mí me sucede también, aún leyendo el relato muchas veces.

Pues a mí me ha gustado mucho este texto.  Yo creo que si que es un relato ya que nos está representando un personaje y el autor nos está relatando las vivencias de el protagonista del texto. Otra cosa es que no sea un cuento, pero un relato yo creo que sí.

En cuanto a la forma no me gusta el principio, esa descripción que más bien parece un telegrama.

Yo pondría comillas españolas «» en lugar de las inglesas "". Y el inciso del diálogo es — que se consigue con la tecla alt y 0151.

Un abrazo, Uno.