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COMPULSIVO TRES

Lazos

En aquella época septiembre no era un mes; parecía un tesoro. Nos reuníamos todos los primos en la aldea, en la casa de la abuela. Al anochecer, sauces y castaños testimoniaban interminables partidas de cartas donde grandes y pequeños compartíamos juntos el calor del verdadero hogar. Eran los tiempos del bocadillo de Nocilla, las rodillas arañadas y los enfados que duran un suspiro.

El abuelo y yo siempre jugábamos en pareja. Cuando una buena baza nos calentaba las manos yo me rascaba la oreja y él tosía tres veces. Lo adoraba... era la excepción en un mundo lleno de reglas, la chispa de una bengala, un regalo del destino.

Transcurridos los años, la abuela se murió y cada uno cogió su rumbo. A mí me tocó asentarme en Londres, donde encontré un trabajo digno y un sucedáneo del hogar que había conocido en la infancia.

El abuelo enfermó. El Alzheimer le robó nuestra complicidad, los recuerdos, los nombres de sus hijos...Desde su mundo de cristal me saluda pero no me conoce. Dibuja sonrisas a las que le falta un diente. Qué más da. Abraza nubes y pasea sobre un pentagrama de sueños por cumplir. Está luchando.

Cuando duerme, el bosque que se ha inventado se queda huérfano y cuando canta, amanece y las estrellas lloran por tener que esconderse.

No sabe de normas, no echa de menos convencionalismos absurdos que sólo nos esclavizan, sin embargo no es él.

Me siento a su lado y saco una baraja de cartas. El abuelo sigue pendiente del telediario. Reparto y espero a que empiece la partida, sin éxito. Le hablo de las tartas de mora de la abuela, de las cosquillas antes de ir a dormir. Algo dije que llamó su atención. Me rasco la oreja y, entonces, cuando ya había perdido la esperanza, veo la niña que fui reflejada en sus pupilas. Sonríe, tose tres veces y escucho su voz:

-          Ana, ¿cómo volviste de Londres?

 

Hola, Compulsivo Tres: Me encantó la historia. Por bien escrita, y por que ubica en dos realidades; una, sanadora: la buena onda familiar que sostienen los abuelos; y en otra realidad triste, de siempre pero a la que reconocemos desde hace poco: el Alzheimer.  Un saludo.

Muy buena u melancólica historia. Cuando hay cariño, perder a ese ser querido en vida es terrible, pero ahí esta, en algún lugar, pero está.

Me saltaron varios párrafos donde faltaban comas. Ej.

"En aquella epoca, Septiembre..."

El que a hierro mata, a hierro muere.

Muy bonito. Y muy triste.

Por ponerle un pero te diré que la raya del diálogo es —. Lo conseguirás presionando la tecla alt y 0151. Supongo que habrá alguna otra manera más fácil, pero yo de momento la desconozco 🙂

Respecto a la coma que dice Darkat pues creo que no es necesaria, aunque tampoco estorbaría. La verdad es que me he quedado dudando... ¡Jhon, aparece!