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COMPULSIVO DOS

Autobiografía de un árbol del parque

No me plantó la gente. Me trajo un pajarraco en sus tripas; un triste pájaro, exiliado del monte que invadió el progreso.

Por aquel entonces, yo era una semilla; caí, bien abonada, en un baldío polvoriento y estéril; encontré albergue oportuno, en un matorral alejado del paso de los perros.

Dormí unas cuantas semanas a la intemperie, bajo lluvias propicias y soles esporádicos; la tierra mojada me anidaba cada vez más honda y calentita.

Un día desperté; me sentí muy extraña: blandita, húmeda, pálida, no muy distinta de otros bichos que pululaban a mi alrededor. Entonces, en un extraño impulso de estiramiento, hacia abajo y hacia arriba, descubrí que tenía brazos y piernas. Unas piernas que me señalaban el alimento y la seguridad. Y unos bracitos, (apenas unos deditos), que abrazó el sol de la mañana.

Otra vez a esperar; a vivir sin saberlo.

Un día fui una planta curiosa, por encima del matorral de espinas; por debajo de él, yo les arrebataba, inocente parásito, la fuerza nutritiva de la tierra; y aunque a veces me faltaba el aire, mis deditos se hacían brazos enérgicos, y vencían a los  abrojos, con una  voluntad enorme de conocer, aprender y crecer.

Aunque no lo sabía, aún aplastados, famélicos, los espinos me seguían, protegiendo.  Y yo me llenaba de sol y de lluvia, para sustentar mi tronco oscuro;  ya no más mis deditos: mis nuevas ramas llenas de hojas, las primeras flores,  el espacio azul o tormentoso; los días y las noches…

La gente que pasaba por ahí me dio nombre y género:

Está lindo este quebrachito, escuché un día.

     ¿Y si lo llevamos al parque, antes de que crezca demasiado?  Después, no vamos a poder con las raíces y va a sonar cuando construyan el otro barrio.

Entonces supe del dolor. De palas y de sierras. De tirones y arrastres.  Del desarraigo y la readaptación.  ¡Tanto cambié!

—Parece que está brotando de nuevo. Lo salvamos de la topadora.

Ya pasó. Podría ponerme filosófico o crear una fábula: pero no es lo mío. Aquí estoy, lleno de nidos, viviendo y dando vida.

 

¡Se rompió el corojo! ¿Conocen la frase? Qué alegría que ya estamos de nuevo en acción. Tremenda idea la del Compulsivo Dos, ¡me encantó! Una historia autobiográfica que se debe leer por millones de personas, para ver si podemos salvar el planeta. Quizás lo que más de raro me saltó fue la cantidad de (;). Pero repito mis aplausos, VIVA LA VIDA EN LA TIERRA!!!!!!!

Me ha gustado la idea y el mensaje de fondo. Sin embargo, no creo que sea autobiográfico (aunque digas "de un  árbol del parque") ya que algo "autobiográfico", como la palabra indica, es relativo a uno/a mismo/a.

Es por ello que discrepo de ti, compañero Omar, cuando dices  respecto al relato del comunero cinco que no cumple los requisitos. Si medimos todos con el mismo rasero, este tampoco los cumpliría.

Independientemente de ello, la autobiografía de ese árbol del parque es muy original y realmente fantástica.

¡Suerte, dos!

Pues yo sí que lo veo autobiográfico. No deja de ser una gran metáfora de lo que es la vida (la infancia tranquila, la adolescencia curiosa, los problemas inevitables que conllevan el ser adulto...), escrito de una forma muy, muy original. Me ha gustado mucho, Compulsivo dos

ME HA GUSTADO, MUY ORIGINAL.PERSONALMENTE SOY UNA ENAMORADA DE LA NATURALEZA, CUIDO Y HAGO MI APORTE ,PUES HE PLANTADO DE TODO!. COINCIDO CON CHELO, TENGO OTRA IDEA DE AUTOBIOGRÁFICO,NO QUIERE DECIR QUE NO ESTÉ

EQUIVOCADA.

Este aporte es , basicamente, una gran metáfora acerca de la manifestación de una vida "diferente" pero vida al fin. No estoy seguro que sea autobiográfico aunque se lee con interés.

Una biografía diferente y una metáfora preciosa.

Hola comunero dos, si bien parece una metáfora me faltaría quizás adaptarla a tí. De eso se trata, ¿no?  Es una metáfora bella, pero muy genérica que puede servirle a cualquiera. Y ese no era el reto, al menos, desde mi perspectiva.

No obstante, me gustó el tono dulce de la narración.

Hay una frase que me resulta mal estructurada o tal vez sean las horas que ya mi cerebro no da más de sí:

  Y yo me llenaba de sol y de lluvia, para sustentar mi tronco oscuro;  ya no más mis deditos: mis nuevas ramas llenas de hojas, las primeras flores,  el espacio azul o tormentoso; los días y las noches…

Quizás te falte el verbo para dar sentido completo, pero algo me chirría. Tienes una prosa poética bonita, lo malo de las prosas poéticas es que ocultan más que muestran.  Y no sé para lo que nos pide el reto si es adecuado (autobiografía)

Esto es a título personal,  tanta adjetivación hace que por momentos me des enganche de la historia.

Un abrazo y mucha suerte

Me gustó el relato autobiográfico. La transición de semilla a árbol "salvaje" y después a árbol de "jardin, parque". Por desgracia son pocas las palabras para llenar esos huecos que toda autobiografía tiene.

El que a hierro mata, a hierro muere.